Alba de Tormes, desde los tiempos de la repoblación, en el s. XII ya contaba con un alcázar, convirtiéndose en una plaza fuerte amurallada, sus últimos restos son aún visibles en sus proximidades al río. El origen y la permanencia como plaza fuerte tiene su origen en su posición geográfica relacionado con la línea de núcleos fuertes situados en la frontera entre los reinos de Castilla y de León, otros castillos que defendían el Reino de León en la actual provincia de Salamanca son el de Salvatierra de Tormes y el de Puente Congosto.
La plaza se vio envuelta en las diferentes luchas entre Castilla y León hasta que en 1429 el Rey Juan II de Castilla dona la Villa de Alba de Tormes a don Gutierre Álvarez de Toledo, por entonces Obispo de Palencia y más tarde Arzobispo de Sevilla y Toledo, con el título de Señor. Con este hecho la villa quedará definitivamente vinculada, hasta nuestros días, a la familia Álvarez de Toledo.
Nada más tomar posesión
de la villa, en 1430, don Gutierre manda edificar una torre-fortaleza
en la parte más elevada de la colina donde fijará
su residencia.
A don Gutierre le sucederá su sobrino, don Fernando
Álvarez de Toledo, quien obtendrá el título
de Primer Conde de Alba, y no acometerá cambios importantes
en la edificación.
Será con sus sucesores, don García Álvarez
de Toledo, primer Duque de Alba en 1469 y don Fabrique Álvarez
de Toledo, segundo Duque de Alba, Marqués de Coria,
Conde de Salvatierra y Piedrahita, Señor de Valdecorneja
y primo de los Reyes Católicos, quienes realizarán
las obras de ampliación del castillo.
Pero no será hasta la llegada del tercer Duque de Alba,
don Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque, cuando
se alcanza el máximo esplendor del castillo y de la
villa. Es el más ilustre de su linaje, caudillo de
Carlos V y Felipe II, Generalísimo, Virrey de Nápoles,
Gobernador de Flandes, Caballero Toisón de Oro y Mayordomo
de Su Majestad.
En esta época llegan al castillo los mejores mármoles,
pinturas y tapices, es el momento de la realización
de los frescos del salón de la Armería. Estamos
a mediados del s XVI y el castillo se ha convertido en un
gran palacio por el que pasaron grandes personajes literarios
como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Garcilaso,
etc.
El castillo cae en desgracia durante la guerra de la Independencia,
que fue tomado por los franceses en 1809 hasta que se retiraron
en 1812. En esta fecha Julián Sánchez “El
Charro”, guerrillero salmantino, quema el castillo para
evitar un nuevo atrincheramiento de las tropas napoleónicas.
El castillo, ya en ruina, se ha utilizado como cantera para
nuevas construcciones como ha pasado en gran parte de los
castillos que salpican nuestra geografía. Algunas de
estas piezas podemos verlas en los capiteles de las columnas
que forman la plaza mayor de Alba de Tormes.
Los trabajos arqueológicos que se han seguido a puesto de manifiesto el perímetro defensivo y se han descubierto importantes restos que pueden visitarse en la Torre, aún majestuosa e imponente, testigo de algunos de los episodios de nuestra historia que han marcado el devenir de nuestra tierra.

